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Entrevista al Profesor Dr. Alejandro Ávila Espada
Alejandro Ávila: Muchas gracias también a FEAP por su invitación y, ciertamente, subrayas una etapa y un momento en el que las personas que, como fue mi caso, tuvimos que asumir la responsabilidad de promover este proceso, también recogimos un estado de necesidad en la evolución de la Psicología y la Salud Mental en España, en el cual era imprescindible abordar la problemática tanto profesional como de desarrollo a nivel de formación y de cánones de acreditación de los psicoterapeutas en España. Era una necesidad que, en parte, derivaba de la armonización del proceso de convergencia europea pero también era una necesidad nuestra, de definir este territorio en nuestro ámbito profesional. Yo en aquel momento representaba al Colegio Oficial de Psicólogos (COP) del Estado Español y existía una confluencia con los intereses de otras Asociaciones relevantes el campo de la salud mental, como la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) y la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), y en general el conjunto de las diferentes asociaciones de psicoterapia que canalizaban una tradición importante, ya que todos compartíamos la inquietud de mejorar nuestra situación profesional, de elevar los cánones de reconocimiento (que a su vez están estrechamente unidos a cómo se forman los psicoterapeutas y cómo ejercen su práctica); todo esto nos llevó a generar un proceso de diálogo, de consenso y la FEAP, en definitiva, es el producto de ese consenso. Luego se han seguido caminos en ocasiones difíciles y con controversia, pero se abrió un camino que, sin duda alguna, es un hito en el desarrollo de nuestra profesión. B.O.: Me has hecho recordar con esto
unos años en los que compartimos espacio en la Junta del Colegio
Estatal de Psicólogos y trabajamos en proyectos de importancia
cuyos frutos vemos hoy también. A.A.: Creo que subrayas un tema muy interesante. Efectivamente, los ochenta fueron una época en que los vectores que organizaban el desarrollo y la transformación en salud mental y en las intervenciones psicoterapéuticas eran más de corte social, es decir, existía una preocupación social por lograr unas mejores condiciones sociales de vida, por un mayor compromiso de abordar las problemáticas especificas de la sociedad, incluida la salud mental. Veníamos de una etapa en la que se había dado -durante la década anterior- la revuelta anti-psiquiátrica y habíamos tenido toda una serie de oleadas de concienciación y compromiso sobre los nexos realidad social-salud mental. Después vino una involución hacia un modelo más biologicista, más centrado en entender todo en términos de procesos biológicos, por lo que priorizar la acción a nivel social o a nivel psicológico quedaba relegada a segundo plano. Esto, conforme se han ido declinando los noventa, ha ido afortunadamente girando y creo que estamos en una etapa -ya desde la transición al siglo 21-, en la que, de nuevo, pasa a considerarse importante la concepción del ser humano como un producto que deriva de todo lo que le conforma, y fundamentalmente de su naturaleza social y, a partir de ahí, la recuperación de los valores y de las problemáticas más sujetivas llevan de nuevo a plantear que es prioritario éste horizonte de interrogación de búsqueda y de construcción de la persona. Esto no supone que los avances que se han dado en el campo psicobiológico, en el campo de las neurociencias en general, no hayan sido transcendentes. Lo son y mucho, pero por fortuna operamos con una mayor comprensión salvo que nos encerremos en posiciones excesivamente reduccionistas, y todo lo que vienen aportando las neurociencias nos remite a esta importancia de lo social dentro de los cauces y de los límites que nos dan la biología y nuestra propia naturaleza. La sociedad se ha ido concienciando y tomando como propia esta visión, usándola, y se concreta en que los usuarios, las personas que podemos sentir el sufrimiento o la necesidad de ayuda, tenemos muchos más referentes tanto subjetivos como sociales para aceptar que podemos usar la ayuda psicoterapéutica, y que podemos usar esos recursos. Los medios de comunicación social en los últimos años han ido incrementando exponencialmente la presencia de este tipo de oferta, de manera que o bien en la palabra de los grandes comunicadores sociales, en las series de TV, en las películas y en la vida cotidiana, ya no se ve como un estigma el que sea necesaria la ayuda psicológica sino que, por el contrario, se instrumenta ya como un recurso habitual y sin mayor vergüenza social, lo que es muy importante. También ha habido movimientos mucho más discretos, mucho más pausados, dentro de las instituciones o de los poderes públicos a la hora de subrayar que este tipo de servicios se deben incluir dentro de lo que sería la oferta pública, a la par que en la oferta privada -quizás unido a todos los cuestionamientos que supongo que vamos a ir mencionando en los temas que nos ocupan hoy- y ha ido mejorando su calidad o su compromiso con una mayor eficiencia. Usuarios más conscientes de que pueden disponer de estos servicios, y servicios de más calidad lógicamente generan un efecto de retroalimentación que impulsa hacia delante este ámbito. B.O.: En este sentido y dentro de una de las líneas que señalaba antes de tu quehacer a lo largo de los años en la búsqueda de rigor, de excelencia, en materia de formación y ejercicio de la psicoterapia, en este momento de afianzamiento de la psicoterapia en el conjunto del Estado, tendríamos que empezar a ver si existen o no algunos perfiles característicos que identifiquen y marquen estos desarrollos de la psicoterapia en el Estado. ¿Crees que existen algunos perfiles definidos, característicos o por lo menos que podamos identificar ya? A.A.: Hablar de perfiles de tipo profesional o de servicio nos lleva a una problemática muy diferencial según los territorios, según los ámbitos, porque evidentemente en la medida en que el sistema sanitario en el Estado ha ido -en algunos casos ya desde hace mucho tiempo, estando a cargo de las Comunidades Autónomas y en la actualidad ya todas las transferencias están efectuadas- ciertamente puede haber diferencias importantes en tradición, en cultura, a la hora de desplegar estos programas y estos servicios. Pero quizás alguno de los elementos que a mí me parecen más característicos en el momento presente es que, por mucho que la psicoterapia esté incluida en la Cartera básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud, es cierto que para la mayoría de los usuarios que acuden a un servicio de salud mental, o un servicio de salud en general con una problemática relacionada con salud mental y que puede requerir y beneficiarse de una ayuda psicoterapéutica del tipo que sea, no siempre el sistema le ofrece los recursos adecuados, ni en tiempo ni en calidad, y en el tipo de prestación. La situación difiera mucho entre comunidades, áreas y distritos sanitarios. Además – y esto puede no ser un dato objetivo pero por lo menos es mi impresión- lo que presentaría en el conjunto del Estado mayores deficiencias es la atención a la problemática tradicional de salud mental, es decir la atención a trastornos del comportamiento moderadamente graves, neuróticos, de personalidad o psicóticos, es decir trastornos emocionales, comportamentales o relacionales de todo tipo. Este tipo de situación, tras un filtraje muchas veces poco cualificado en atención primaria, va encauzado directamente a los servicios de salud mental que suelen tener poca capacidad de respuesta para atenderlos de manera habitual. Sin embargo, esto que sería evidentemente una situación deficitaria en el conjunto del estado se contrapone con que sí hay programas muy específicos en sectores que funcionan muy bien y con personal muy cualificado. Por ejemplo, he podido constatar cómo hay servicios que se prestan con bastante eficiencia y finura en áreas como pueden ser los cuidados paliativos, trastornos oncológicos, es decir, muchas veces ligados a situaciones humanas ciertamente relevantes o que han sido foco de preocupación social como pudo ser, en su momento, el problema de la colza, el SIDA, la drogodependencia en general, la anorexia y actualmente la violencia infantil, el maltrato, la violencia de género, etc. Son épocas en las que se destinan muchos recursos a programas en los cuales se presta una asistencia de alta calidad pero que luego no se mantiene -quizás en algunos servicios sí- para reforzar y consolidar lo que seria un dispositivo de prestación de servicios estándar y no vinculado a necesidades estratégicas de impacto en un momento determinado. Creo que esto es una de las cuestiones más importantes. Los programas públicos, quizás por prioridades políticas o por otro tipo de estrategias, suelen ir más vinculados a estos programas de impacto y la asistencia básica en salud mental de calidad se resiente en el sistema público. Y en esto es en lo que fundamentalmente juega un poco como factor de equilibrio la oferta privada, ya que, de alguna manera, la oferta privada siempre está ahí para dar respuesta o completar lo que el sistema público no atiende. B.O.: ¿Qué estrategia dirías que tiene esta oferta privada? ¿Cómo se está configurando esta oferta de prestación de psicoterapia en nuestro país y qué líneas crees que están definiendo este desarrollo? A.A.: Las líneas estratégicas tienen más que ver con cómo se canaliza o cómo llega la demanda de los usuarios. Yo no creo que las líneas de las que tendríamos que hablar estén vinculadas a escuelas u orientaciones prácticas muy concretas. Creo que ése es un momento superado, y los profesionales que trabajan en el sector privado configuran una oferta polivalente que se adecua a las necesidades específicas de cada usuario. B.O.: ¿Crees que es un momento superado el de los debates y enfrentamientos entre escuelas o modelos y que más bien las diferencias se están estableciendo por áreas?. A.A.: Aquí podríamos decir que, si realmente se le pudiera quitar a los debates de escuela la carga económica o la carga de competencia por un espacio profesional reducido, habría mucho espacio de encuentro y de diálogo entre diferentes profesionales. De hecho, clínicos de muy diferentes orientaciones siempre hemos tenido la impresión de que prima la capacidad de comprender la complejidad del hecho clínico y la necesidad de lo social o del usuario, de que los profesionales demos una respuesta de calidad, y que es absolutamente secundario si nosotros ponemos más el énfasis en ver las cosas de una manera o de otra a la hora de la acción estratégica. Yo creo que lo que más ha crecido, en su conjunto, es que el usuario, a titulo individual, a titulo personal, es más frecuente que consulte, que genere su demanda por su propia percepción aunque pueda haber sido construida a partir de la opinión de su grupo familiar a su grupo de referencia, pero que consulta por sus propias necesidades o por su propia percepción de los trastornos, y que espere una respuesta de calidad a sus necesidades subjetivas, no una técnica estándar. B.O.: Digamos que, en este sentido, habría una iniciativa propia en la percepción de necesidad y en la realización de demanda de psicoterapia, menos vinculada que antes al hecho de la derivación o identificación por otro profesional que deriva o que hace la indicación. A. A.: Yo creo que sí. De todas las formas, el personal del ámbito sanitario que está en contacto directo con la problemática general –v.g. la atención primaria- siempre es el que tiene una mayor capacidad para generar este punto de reflexión y de hecho es muy importante que los profesionales de atención primaria tengan los suficientes conocimientos y habilidades como para poder usar, desde su nivel y sus fines, ciertos recursos que les permitan orientar a las personas en las necesidades psicoterapéuticas que tienen. Pero sí hay, desde luego, una mayor percepción de lo que podrían ser situaciones conflictivas a nivel de las relaciones interpersonales cotidianas en el ámbito de la pareja ó de la familia. Aunque mi impresión es que la demanda familiar es menor que la que hubo hace una década, lógicamente es en el contexto familiar o en el contexto de la pareja donde se detectan la mayor parte de las disfuncionalidades, bien sea en los problemas de relación o en las dificultades que presentan en el ciclo vital, desde los niños y niñas más pequeños y las diferentes transiciones de la adolescencia, que evidentemente es un momento en que se generan muchas inquietudes, pero también en etapas más avanzadas en las que se plantean problemas en el entorno laboral, donde se empieza a visualizar una jubilación anticipada, donde está el problema de la atención a los mayores o el enfrentamiento de la enfermedad física. Hay una gran cantidad de cuestiones que son factores del propio ciclo vital y que potencian que todo esto se desarrolle. B.O.: En tu opinión, ¿dirías
que estos desarrollos, estas situaciones que afronta la psicoterapia en
España son peculiares o se ajustan a los predominantes en los países
de la U.E. más relevantes en esta materia? B.O.: Interesante. Querría que entrásemos en algunos asuntos que no solamente, diría que marcan actualidad en nuestro país en materia de psicoterapia, sino que también han sido y son todavía objeto de discusión entre los psicoterapeutas y entre los profesionales en general de la salud mental. En este sentido querría conocer tu punto de vista sobre el surgimiento de acreditaciones que otorgan garantía de formación por diferentes instituciones además de la FEAP, en el sentido de si consideras que ello supone un avance o una amenaza porque pueda generar cualquier efecto que pudiera resultar pernicioso o no. Recientemente el Colegio Oficial de Psicólogos, por supuesto legítimamente y en el ámbito de sus posibilidades, ha establecido un procedimiento para la acreditación de psicoterapeutas a partir del establecimiento de un titulo privado de especialista en psicoterapia y procede a establecer parámetros para su acreditación y el procedimiento para la misma, naturalmente con un carácter privado como en FEAP. Creo que se sigue un camino ya abierto por FEAP años antes -concretamente durante tu presidencia- en esta ocasión desde otra organización y creo que podría darse incluso el surgimiento de nuevas acreditaciones (puede haber otros colegios profesionales, que también decidan hacerlo, u otras entidades). Querría conocer tu punto de vista respecto al surgimiento de estas diferentes acreditaciones. A.A.: Aunque al profesional de base y sobre todo a las personas que están, por ejemplo, terminando su formación universitaria e iniciando su especialización de postgrado y pensando en un futuro profesional, de entrada le pueda traer cierta confusión o cierta controversia, yo creo que el que haya diferentes acreditaciones por diferentes instancias no tiene por qué ser ningún problema, por el contrario tenemos que entender que todos los movimientos que contribuyan a definir los criterios de formación y de acreditación repercuten positivamente en la mejora de la calidad, ayudan a clarificar y permiten un avance, porque cuando menos tienen un efecto indirecto sobre los programas de formación que quieren obtener dichas acreditaciones y las propias personas que, al conocer mejor los criterios qué necesita un profesional para obtener un reconocimiento, son también más capaces de valorar lo que le ofrecen los diferentes programas formativos y de exigir un rigor y una calidad en la formación. Ahora bien, también hay que pensar por qué están surgiendo desde diferentes sectores profesionales, lo que supone también un fracaso de lo que debería ser un espacio de consenso. Que haya una acreditación privada, de la naturaleza que sea, para psicólogos especialistas en psicoterapia y sólo para psicólogos, deja abierto que inevitablemente serán necesarias otras para otros cuerpos profesionales. Éste es un poco el problema de la herencia del gremialismo profesional que marca las trayectorias colegiales y acabaremos probablemente teniendo, como puede haber ocurrido llamándose de otra manera en otros países, acreditaciones para médicos, acreditaciones para psiquiatras, acreditaciones para psicólogos, acreditaciones para psicólogos clínicos, acreditaciones para trabajadores sociales y quizás para profesionales de diferente tipo, ya que, en definitiva, todos los sectores profesionales tienen sus derechos y pelearán por ellos y conseguirán -más pronto o más tarde- definir sus ámbitos de competencia. Ahí se ha jugado, creo yo, a generar indirectamente mucho confusionismo bajo una supuesta defensa de la calidad, cuando realmente se podría haber avanzado mucho más en un modelo convergente. Creo que, en este sentido, el origen de FEAP como una institución interdisciplinar y multiprofesional es muy interesante y que las posibles inquietudes que haya podido generar que esta vertiente multiprofesional o interdisciplinar pudiera ser cobertura de una mala práctica, creo que hay suficiente tiempo ya de experiencia como para comprobar que no ha sido así en absoluto y que, por el contrario, la FEAP en España ha hecho posible un salto cualitativo impensable hace dos décadas sobre lo que era la situación en el campo de la psicoterapia. Probablemente muchos otros países que pueden estar mirando nuestro ejemplo, como en Latinoamérica, u otros entornos que con preocupaciones semejantes pueden ver en el modelo de FEAP una apertura que concilia la posibilidad de converger entre diferentes profesiones y a la vez un respeto y una exigencia de calidad que está fuera de duda. B.O.: En este sentido, ¿crees que el establecimiento de diferentes acreditaciones europeas (también privadas) de la formación en psicoterapia, es una oportunidad o un riesgo? A.A.: Cuando la U.E., en el desarrollo de sus tratados, pone en marcha las directrices que han alcanzado algunas profesiones para armonizar el objetivo fundamental que en este sector tiene la U.E., que es garantizar la libre circulación de los profesionales, en nuestro campo -que tiene una necesidad también de libre circulación de los profesionales como en otros- se ha tendido quizás a distorsionar y a manipular los fines porque realmente la U.E., hasta donde yo conozco por las declaraciones de sus poderes y de las comisiones de expertos que al respecto se han formado, se ha subrayado reiteradamente que no va a legislar nuestro campo, es decir que no lo ve necesario. Y no lo ve necesario fundamentalmente porque no hay ese obstáculo a la libre circulación de profesionales ya que los profesionales de diferentes países miembros de la U.E. vienen a establecerse en España sin mayor dificultad y pueden ejercer. Por otra, por la pluralidad idiomática, de origen, etc. de las personas que viven en nuestro entorno, cada vez hay mayor necesidad de atención de profesionales que no solamente sepan hablar otras lenguas de la U.E., sino que se hayan formado también en sus diferentes contextos culturales. Esa situación, que por una parte justificaría una cierta normativa de armonización, por otra la práctica no está generando una especial conflictividad y la UE ha visto claro que no es necesario hacer una directiva específica, lo que ha llevado a que los organismos privados con intereses de sectores concretos, como los psicólogos y como podrían ser los médicos, lo vean como la necesidad de crear plataformas o estructuras que compitan por obtener una acreditación Europea, que como tal no existe. El Certificado Europeo de Psicoterapia que otorga la EAP (Asociación Europea de Psicoterapia con sede en Viena) es un diploma que está definido por sus criterios. sus estructuras y sus cánones, pero que es estrictamente privado, y el que ha generado recientemente la Federación Europea de Asociaciones Profesionales de Psicólogos (EFPA) tiene el mismo estatuto, y nos vamos a encontrar, quizás, dentro de unos años, con un escenario en el que los profesionales tendrán diferentes diplomas colgados en sus despachos, siguiendo la tradición médica de llenar las paredes de diplomas, pero tal vez otros no sigan tanto esta tradición y no les parezca tan importantes los diplomas, sino disponer de una especialización y formación continua de calidad. En definitiva creo que esto hay que tomárselo con bastante prudencia y coger lo bueno, que puede ser que los programas de formación mejoren por efecto de estas instancias acreditadoras que exigen ciertos cánones, y no quedarnos tanto con la cuestión de si un diploma es mejor que otro, son simplemente diferentes. Además, probablemente, este horizonte no se va ha simplificar, sino que se va a hacer más complejo. Si ahora tenemos dos diplomas Europeos, tal vez dentro de cuatro o cinco años tengamos media docena, quien sabe… Recordemos que, antes de que empezara todo este movimiento Europeo, cada orientación profesional vinculada a asociaciones científicas más que profesionales (la Asociación Europea de Terapia de Conducta (EABT), la Sociedad Europea de Terapia Familiar, la Asociación Europea de Psicoterapia Psicoanalítica en el sector público, etc., como otras en el ámbito internacional) han creado sus propios criterios, sus propias estructuras de formación, que han tenido y pueden tener vigencia para sus propios miembros pero que, en definitiva, de cara al público y de cara a las instancias públicas de los gobiernos, los poderes que regulan estos sectores, no son más que argumentos de carácter científico, formativo o profesional. B.O.: Volviendo al terreno interno, sigue llamando la atención el hecho de que la Academia, específicamente las Facultades de Psicología y más aun las de Medicina, al menos aparente y globalmente hablando -aunque haya habido cambios que creo hay que resaltar, algunos de los cuales tienen que ver contigo mismo-, creo que podríamos decir que continúa de espaldas al desarrollo de formación básica en psicoterapia de carácter riguroso. ¿Qué opinión te merece y qué valoración esta situación, si es que la compartes básicamente? A.A.: Habría que empezar planteándonos cual debería ser la formación básica adecuada en psicoterapia que se debería dar en una trayectoria de Grado. Y, para no hacer historia y redundar en cosas que, en definitiva, comprometen más el pasado que el futuro, la formación de grado que vamos a tener de inmediato es una formación muy de circunstancias. Es decir, p.e. en Psicología vamos a tener un grado de cuatro años en el cual quien lo obtenga tendrá un conjunto de conocimientos básicos, muy polivalentes, y en ese conjunto de conocimientos básicos, que además están decididamente orientados a una pluralidad de salidas profesionales, tanto por los documentos que se han generado como por todos los indicadores de cuál va a ser ese contenido de Grado, no dejan prácticamente ningún espacio a la formación en psicoterapia específicamente orientada a una práctica clínica específica, aunque sí a un conjunto de conocimientos generales relevantes. En este sentido, yo creo que no podemos esperar que vaya a haber conocimientos específicos de psicoterapia en el grado. Este Grado que nos llega ahora, con la reforma Bolonia, es un nivel que da acceso a los programas oficiales de postgrado, lo que implica que un número reducido de las personas que hayan cursado los programas de grado pueden entrar a estos programas de postgrado para especializarse. En esta especialización parece ser que vamos a tener diferentes posibilidades y que en algunas de ellas debería tener un peso significativo la formación psicoterapéutica. Hasta donde yo conozco, por lo menos documentalmente o personalmente por mi contacto con muchos colegas en el ámbito académico, el desarrollo de los programas oficiales de postgrado en el campo de la salud que nos afectan no tiene apenas contenidos específicos propios de la psicoterapia. Es cierto que hay algunos postgrados no oficiales que pueden centrarse más específicamente en los temas de psicoterapia, pero, en cualquier caso, la tendencia que se va mostrando es que los programas oficiales de postgrado (P.O.P.) van a dar una salida, una alternativa, un complemento para quienes no puedan cursar seguir el programa de formación P.I.R. (Programa Formación de Especialistas en Psicología Clínica), un P.O.P. orientado al campo genérico de la Psicología de la Salud. Dentro de ese postgrado parece que van a incluirse pocas competencias psicoterapéuticas, aunque algunas de ellas pueda estar orientadas a intervenciones especificas sobre todo en el campo de la modificación de conducta, y que el campo de lo que sería la formación especializada -que sería el desarrollo natural de los diferentes ámbitos, orientaciones y práctica de la psicoterapia- va a quedar en un terreno que lo van a cubrir en parte las titulaciones de postgrado propias de las universidades y de las instituciones privadas o concertadas que desarrollen estos programas de especialización con mayor libertad y con mayor alcance, de acuerdo a lo que realmente la demanda de los usuarios y la sociedad requiere. B.O.: Teniendo en cuenta que a lo largo de tu trayectoria, desde luego en el presente pero también en el pasado y con la perspectiva de los diseños de futuro en los que ya estás trabajando, con todo este bagaje que tienes y que permite una panorámica muy cualificada para poder dar tu punto de vista, ¿cuáles dirías que son los elementos más fuertes del desarrollo de la psicoterapia en España y cuáles los más débiles o de riesgo? A.A.: Yo creo que el elemento más fuerte del desarrollo de la psicoterapia en España, está en que en las dos últimas décadas se ha avanzado muy significativamente en la mejora de los programas de formación de psicoterapeutas a nivel privado, que han adquirido una calidad significativamente mayor que en el pasado, que hay una mayor percepción por parte de los profesionales de la salud mental de la importancia de usar los recursos psicoterapéuticos y de formarse y de tener una formación continua y actualizada en este campo. Creo que este es el punto nodal. A partir de ahí habría que potenciar, había que ayudar a que estos profesionales pudieran demandar de sus instituciones -los que trabajan en el sector público- o que se permitieran una mayor capacidad de planeamiento los que están en el sector privado, para poder ofrecer servicios más adaptados a las necesidades de la población. El punto más crítico, y el que a mí me genera más preocupación en los últimos años, es que se está generando también una suboferta profesional en algo que, en un principio, debería supone un avance cualitativo de cara al usuario, que las sociedades privadas de seguros médicos o de prestaciones sanitarias privadas hayan incluido la psicoterapia en su cartera de servicios. Pero la práctica real implica una serie de fenómenos que es importante considerar con detenimiento: por una parte, el propio tipo de servicios que se ofertan, muy limitados en el tiempo y con unas condiciones profesionales para quienes trabajan para estas compañías muy al límite de lo que sería un funcionamiento profesional adecuado, lo que está conduciendo a la vez a una derivación de esta oferta a profesionales de escasa formación, que prácticamente trabajan en régimen de subcontratación en unas condiciones tanto salariales como temporales extremadamente precarias. Quizás lo único valioso que se pone aquí es lo que como persona pone el profesional que se está formando, quien pone todo su empeño, toda su voluntad y capacidad en la prestación de un buen servicio, pero en condiciones que no va a poder sostener durante mucho tiempo. Situaciones que pueden oscilar entre trabajar a 20,00 € hora ó incluso sin honorarios ni contraprestación, por lo que no puede sostener una práctica profesional de calidad, ni supone una adecuada respuesta a las necesidades de los usuarios, porque aunque los profesionales pongan su máximo celo y su máximo empeño y acepten unas condiciones precarias temporalmente, esto indudablemente destruye el tejido profesional y por otro lado genera una práctica de bajo nivel que no va a favorecer en absoluto el buen desarrollo de la psicoterapia. B.O.: Puesto que seguramente no hay, a mi juicio al menos, valoración más oportuna y más procedente respecto a las diferentes líneas de trabajo y actuación que viene desarrollando FEAP en los últimos años que la tuya, precisamente por tu vinculación a FEAP, querría entrar en ello: FEAP es una Federación de Asociaciones de Psicoterapia que surge hace 15 años, con un bagaje consolidado en cuestiones de relevancia como el número de asociaciones miembro, son más de medio centenar de Asociaciones de Psicoterapeutas que pertenecen a los diferentes modelos más relevantes de la Psicoterapia, y que, yo diría que con parámetros bastantes rigurosos y muy consolidados además durante años, han acreditado a más de 2.500 psicoterapeutas en la actualidad acreditados por nuestra federación, que cuenta con unos Estatutos que conoces tan desde dentro porque precisamente se gestaron durante tu presidencia, cuya vigencia sigue siendo altamente relevante pues han demostrado su funcionalidad y su valor e incluyen aspectos de la importancia de los contenidos formativos, de los parámetros de acreditación que mencionaba antes, de la modalidad de gestión y de estructuras de representación, gestión y dirección para una Federación que tiene alta complejidad, tanto por los modelos que contiene como por la interprofesionalidad de la que hablabas antes, o por el hecho de pertenecer a todo el ámbito del estado, en fin por muchas características. Tiene, además, un código ético propio muy importante también, y todo esto, con su práctica desarrollada y sostenida a lo largo de 15 años, creo que es un bagaje muy importante, y es desde ahí que venimos ahora desarrollando las últimas líneas de trabajo sobre las cuales querría yo consultar tu opinión. Concretamente por ejemplo:
A.A.: Difícilmente podemos hablar de que sobren cosas. Es decir, todas las iniciativas que has mencionado y que ha venido desarrollando FEAP en todos estos años me parecen muy relevantes, no sobra nada en absoluto, por el contrario son todas ellas líneas estratégicamente muy importantes. Obviamente, unas son más trascendentes que otras. La actuación a nivel de generar líneas programáticas, documentos de referencia, de manera de que las instituciones públicas como el Sistema Nacional de Salud, puedan disponer de referentes que utilizar a la hora de valorar la puesta en marcha de programas, ó que haya un contacto directo con las Consejerías que tienen competencias en nuestro campo, de manera que esto se contemple en todos los ámbitos, desde la puesta en marcha de programas específicos de atención a los usuarios dentro de los diferentes servicios, como a la hora de orientar la formación y actualización permanente de los profesionales que trabajen en estos servicios, me parece que ésta es una línea estratégica de la mayor importancia porque, en definitiva, las instituciones públicas necesitan un apoyo por parte de quienes tienen mejor conocimiento de este proceso y creo que en FEAP hay suficientes expertos como para poder aportar mucho en esta dirección. Luego hay toda una línea que has subrayado en diferentes comentarios de lo que podría ser el reconocimiento y apoyo a los derechos de los usuarios y, a la vez, el control de la calidad de la práctica profesional, que tiene que ver con toda la temática ética ó de carácter normativo. En este terreno, aquella modesta iniciativa que tuvo la FEAP, al principio, de crear una guía del usuario y difundirla fue una acción muy importante de cara a una mejor visualización de quién es el psicoterapeuta profesional acreditado, formado, y cuales son los derechos que tienen los usuarios, que deben ser respetados. En ese sentido, la FEAP tiene que jugar un papel de equilibrio entre la protección y el apoyo a los profesionales y la protección y el apoyo a los usuarios, sin decantarse nunca por ninguno de los extremos, y no caer en los extremismos que pueden tener las corporaciones profesionales clásicas. Creo que esto es muy importante y, por supuesto, todo lo que pueda ser apoyo al desarrollo científico-profesional en este campo, como puede ser la mejora de la comunicación a través de iniciativas editoriales como la que representa este Anuario, de mejora en la comunicación a nivel de los medios telemáticos, de la presencia en Internet, por el gran impacto que tienen. Creo que todo esto hay que potenciarlo. Ya que roza un poco lo que estamos mencionando en este momento, el Registro de Psicoterapeutas es un elemento clave tanto del funcionamiento interno como de cara a la sociedad de la propia Federación, y creo que a este Registro se le puede añadir más funcionalidad que la que tiene actualmente. P.e. cuando lo consulto a veces para indicar profesionales en una determinada área geográfica o en un determinado sector de especialización, encuentro que no es un registro excesivamente funcional, que se actualiza con bastante morosidad, lo que también le resta funcionalidad. Y también quería subrayar, en el ámbito de lo que son las vinculaciones a otras organizaciones de tipo internacional, que, si bien es muy importante que la FEAP cuide su faceta europea y sus vinculaciones europeas, también potencie una visión más abierta a la comunidad de lo que podrían ser las diferentes lenguas del Estado, o de nuestros vecinos, Francia, Portugal, Italia. Creo que esto es muy importante para la riqueza de nuestra cultura y de todas nuestras culturas hermanas y, en este sentido, se deben potenciar los nexos y el apoyo a esta incipiente Federación Latino-Americana y a cualquier otra iniciativa que nos suponga un intercambio y un dialogo constante. Y, a nivel europeo, comprender que es importante que dialoguemos con nuestros colegas europeos, pero sin considerarlo la panacea ni nuestro único horizonte de referencia. Creo que tenemos que aprender de todos y contribuir a todo pero en un sentido no endogámico, sino mirando más a comprender y compartir desde la perspectiva internacional y desde un horizonte de diversidad y multicultural. B.O.: En realidad con lo que me estás diciendo me das entrada y parte de la respuesta de lo que querría preguntarte para terminar, que es: en tu opinión, ¿cuales son los retos más relevantes que debe afrontar la psicoterapia los próximos años? A.A.: No es una pregunta fácil porque la psicoterapia es un mundo tan complejo que ¿cuál puede ser el reto más relevante, más importante?. Yo creo que, fundamentalmente, seguir y profundizar en la línea de coherencia que se viene plasmando en la última década, apoyar el desarrollo de mejores, más estructurados y a la vez más flexibles programas de formación especializada en psicoterapia, y cuidar mucho el horizonte de actualización permanente. Nuestro campo ha estado siempre muy marcado por la adherencia a modelos teóricos estrictamente muy rígidos, excesivamente anclados en una serie de conceptos clásicos, en el que tenemos que aprender de los avances científicos, de la enorme riqueza de la clínica en todas sus vertientes y de escuchar a los que no piensan exactamente igual que nosotros pero trabajan y se confrontan con retos profesionales similares a los nuestros. Además aunque pueda parecer en este momento un tópico, toda la problemática multicultural que es nuestro horizonte de vida actual y futuro, implica un replanteamiento profundo de las diferentes concepciones sociales, antropológicas sobre nuestra práctica y la importancia de saber vivir en y con la diversidad, de tolerar diferentes puntos de vista científicos y culturales que nos van a enriquecer más que limitarnos. En este sentido, que FEAP apoye la mejora profesional en todos los campos, desde la formación a la práctica, debe ser el reto fundamental para nuestra consolidación. Si consigue FEAP que los poderes públicos vayan siendo progresivamente más sensibles a destinar recursos para que realmente pueda haber programas de psicoterapia estándar, no excepcionales, en la atención al usuario desde una detección precoz, una primera ayuda en atención primaria, hasta una atención secundaria o terciaria en otros niveles como el propio de la atención especializada o en rehabilitación, me parece que probablemente este es nuestro principal reto. B.O.: Bueno, pues para finalizar, agradecer al profesor Alejandro Ávila su tiempo, su profundidad en sus valoraciones, análisis y aportaciones en esta entrevista dialogada que se va a enmarcar en el primer número del Anuario que vamos a editar. Así que, como siempre, Alejandro, muchas gracias. A.A.: A vosotros. |
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