EDITORIAL
CAMBIOS SOCIALES, INDIVIDUO Y PSICOTERAPIA
Begoña Olabarría
El sentimiento que podemos tener en la actualidad respecto a lo que nos reserva el futuro está marcado por el crecimiento de las incertidumbres.
Esto significa un cambio considerable respecto a la situación que prevalecía hace pocos años en los países de la Unión Europea y, con singulares especificidades y diferencias, en los países de América Latina.
Se trata de un cambio profundo.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial se había producido un desarrollo considerable desde el punto de vista económico. La productividad de las empresas, el consumo de las familias y las rentas salariales se multiplicaron. Paralelamente, en el plano social se establecía en los países europeos una seguridad social generalizada que protegía al conjunto de la población. El modelo del Estado de bienestar se consolidaba en Europa desde los gobiernos socialdemócratas convirtiéndose en un referente, se multiplicaron las áreas de Educación pública, de protección social y de Sanidad. Los derechos de los trabajadores progresaron, había estabilidad laboral y se daba una buena situación de empleo. De hecho en Europa en los años sesenta se pensaba que el futuro sería mejor que el presente.
Parecía que nos encontrábamos insertos en una dinámica con altibajos pero sin retorno de progreso económico y social marcada por la flecha del tiempo cronológico.
Hoy predomina el temor ante el futuro. El porvenir es vivido como una amenaza. En la actualidad, alrededor de las tres cuartas partes de los españoles piensan que la situación de sus hijos, que acceden en este momento a la edad adulta, será peor que la que ellos tienen hoy. La caída del Muro de Berlín, que tantas esperanzas abrió, parece marcar cambios que han ido estableciendo la libertad casi absoluta de las leyes del mercado. La globalización que supuso tantas expectativas abiertas en el mundo, dio paso a la mundialización en que la competencia exacerbada se juega ya en todo el planeta bajo la hegemonía de la libre circulación dinero y la hegemonía del capital financiero internacional con sus ilegítimas especulaciones y presenta grandes amenazas por profundas fracturas geoestratégicas. El tipo de desarrollismo surgido ha dado paso a un espectacular aumento de las desigualdades sociales y al aumento exponencial de la contaminación del mundo. El cataclismo financiero que se desencadenó en otoño de 2008 con que se abrió la crisis actual responde a disfuncionalidades relacionadas con el capital financiero y los movimientos internacionales especulativos e irresponsables y con otros factores que rompieron los límites que se habían marcado al funcionamiento del mercado.
El escenario que se percibe es de inestabilidad, se ha quebrado la idea de poder controlar el futuro, y pone en cuestión el progreso social afectando posiblemente a todos los ámbitos de la vida de los seres humanos. Desde luego a marcos colectivos del contexto tales como la organización del trabajo (con la desregulación del estatuto del empleo), a la bajada de la protección social (con el incremento de la inseguridad), y, desde luego, al estatuto de los individuos desestabilizado y amenazado de invalidación social, de valores y relacional.
La degradación del contexto social con su multiplicación de situaciones de precariedad afecta la vertebración protectora y facilitadora del desarrollo de los sujetos, por lo que no puede dejar de afectar al individuo, a su capacidad para llegar a conducirse como un individuo pleno, es decir, a realizar adecuadamente su autonomización y su desarrollo, a alcanzar la capacidad de asumir y ejercer responsablemente sus relaciones vertebradas en su contexto.
Los psicoterapeutas vemos ya con el surgimiento de todos estos nuevos fenómenos resquebrajamientos de valores, de reglas relacionales funcionales, de configuración frágiles de las identidades. Asistimos a que las dificultades colectivas para la prestación aumentan.
No parece una casualidad la fragilización de las protecciones sociales que parecen ajustarse a la lógica de los mínimos otorgados a personas en situación de necesidad. También en las protecciones sanitarias cuyas prestaciones cada vez se busca ajustar y supeditar a determinadas condiciones o situaciones de necesidad con todos los efectos estigmatizantes que ello conlleva.
Aumenta por tanto con todo esto nuestra preocupación por la prestación de la psicoterapia que tan significativo desarrollo viene alcanzado: Primero por los sufrimientos, dificultades, problemas y disfunciones que puedan generarse con todos estos macrocambios socioeconómicos, de valores y culturales.
Pero también y muy importante porque las necesidades relativas a la imprescindible regulación legal y configuración normativa de la psicoterapia en cuanto a su formación y ejercicio, con sus efectos de garantías de calidad en la prestación para los ciudadanos, pueden verse afectadas por la dilación, pueden verse pospuestas.
Creo que el sujeto, el individuo en su contexto, en sus relaciones vitales y significativas es sin duda un valor de referencia en nuestra sociedad, como nos propuso la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Y creo que acceder a ser un individuo libre y responsable, es un bello ideal.
Sin embargo, desde la perspectiva que nos aporta la intervención como psicoterapeutas vemos que cada vez más puede quedarse sólo en un ideal: Existen formas muy problemáticas de ser un individuo autónomo, un sujeto responsable en su contexto. Dicho de otro modo, la dinámica de la Modernidad puede también contribuir a invalidar, a descalificar, a dificultar el marco de soporte para el desarrollo psicosocial de los individuos, de modo que queden condenados a vivir en la incertidumbre. Viven al día, no pueden hacerse cargo de sí mismos en el presente y, por tanto, aún menos pueden organizar su porvenir.
Creo que es imprescindible reconocer la existencia de estos individuos y proporcionarles un espacio explorar las zonas un tanto gris, oscuras o vergonzosas que hayan podido generarse en esos procesos.
Por ello, los esfuerzos de los psicoterapeutas y sus organizaciones en establecer objetivos de confluencia, en presentar públicamente de su producción científica, en intercambiar conocimientos, experiencias, hallazgos, como pretende este Anuario, resultan si cabe más necesarios.
La nueva incorporación de Revistas españolas y latinoamericanas con producción de artículos de Psicoterapia en la nueva edición del Anuario, representa una satisfacción y un impulso.
En Madrid a 18 de junio 2010
Begoña Olabarría
[Presidenta de FEAP: Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas]
Directora del Anuario FEAP
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