CAMBIOS SOCIALES, INDIVIDUO Y PSICOTERAPIA
Begoña Olabarría
En el trabajo para mejorar la atención en materia de salud mental de los últimos 50 años y en el de servicios sociales para sacarlos del estado de abandono en que se encontraban, la Psicoterapia ha jugado un papel fundamental.
Los cambios habidos en España en la sanidad pública a partir de los principios y procesos de reforma sanitaria (creación de los primeros dispositivos en la comunidad, en los hospitales psiquiátricos, en los hospitales generales) y en los múltiples y diversificados servicios sociales, contaron en muchas ocasiones con ideas provenientes de modelos psicoterapéuticos. También ha ocurrido algo parecido en Argentina si atendemos a los contenidos de su reciente Ley de Salud Mental.
La Psicoterapia incluye modalidades diversas de intervención ante el malestar psicosocial de los seres humanos. Supone cada una un modo de la comprensión del sujeto y su contexto que obliga la consideración de lo específico, de lo individualizado de los seres humanos y la comprensión de lo ejercido incardinado en su historia y mundo de relaciones significativas.
Creo poder decir que ideas provenientes de las teorías psicodinámicas, sistémicas, de grupos, corporales, humanistas, etc.. estuvieron en la base de los modos y procesos de transformación habidos con diferente calado en nuestra sociedad. Su impulso ha llevado hace pocos años a las mutuas sanitarias privadas a su incorporación entre las atenciones que presta con tal fuerza en la demanda, que resultará obligado en breve poner atención a los criterios de calidad con los que se realiza.
Si el saber psicoterapéutico anudó elementos claves de una reforma sanitaria y de una consideración necesaria respecto a los modos de atención asistencial a los ciudadanos, creo que contiene así mismo elementos clave de saber para cambios y transformaciones necesarios del futuro, que son elementos comunes de los diferentes modelos del saber psicoterapéutico, tales como: la importancia de la base teórica que sustenta el hacer de la intervención profesional, de la consideración de la relación en la atención al usuario, de la consideración de la singularidad de la especial ubicación del psicoterapeuta hacia el usuario, de la función de acogimiento contenedor, de la noción y asignación de valor a los procesos, de la atención a lo no formulado pero presente, de la función de apoyo a otros profesionales, de la consideración de los espacios de reflexión, de la supervisión, etc.
En la era de la tecnificación, de la hipermedicalización, de la desubjetivización, y del anuncio de los recortes sanitarios y sociales por una crisis económica mundial que nos afecta específicamente, todos esos elementos que forman parte del corpus de la Psicoterapia pueden contribuir a aportar calidad en las propias redes de servicios y prestaciones más allá de los específicos de Salud Mental, por sus efectos en la evolución de las personas y procesos tratados y en la actitud de implicación y compromiso ético de los profesionales.
También hemos de pensar en elementos del futuro de la psicoterapia.
Usuarios con más información -a veces muy sesgada-, sistemas públicos y privados que buscan -a veces exhaustivamente- el mínimo gasto, los intereses de la industria y de sectores profesionales con intereses propios y cortedad de miras enfrentándose a la psicoterapia, la crisis económica, etc., son algunas de los parámetros y situaciones provenientes del exterior que posiblemente configuran condiciones de posibilidad para el futuro de la Psicoterapia.
Creo también que ese futuro de la Psicoterapia depende en bastante medida de la investigación y de lo que podamos aportar en materia de evaluación en los diferentes modelos.
Pero al hablar de investigación creo que algo que hemos de resaltar específicamente es la importancia del conocimiento que proviene de la singularidad del que-hacer psicoterapéutico y del reconocimiento del saber que porta e incorpora la singularidad de la intervención.
Y creo que hemos ahora de resaltarla por los riesgos que contiene hoy la al parecer imparable tendencia al sobredimensionamiento de la estandarización, tanto en la definición de las clasificaciones psicopatológicas, como en la consideración de la "evidencia científica", que parece en demasiadas ocasiones seguir los parámetros que ha ido dejando definidos la muy pujante investigación farmacológica.
Aunque diferentes modelos de psicoterapia cuentan con investigación que dan cuenta con un cuerpo de evidencia bastante importante, no cabe duda de que hace falta más investigación.
Pero creo que la búsqueda de la evidencia por definición ha de considerar el conocimiento recogido de la praxis, de la experiencia, y ésta no tiene ni configura la misma identidad que la estadística, también necesaria, pero que no puede ni debe sustituir a la primera.
Esas directrices de un científicismo contemporáneo marcado por una rígida e inadecuada protocolización, supone muchas veces en la práctica un inadecuado abandono del conocimiento proveniente del que-hacer psicoterapéutico y la promoción de una automatización de la intervención estandarizada que empobrece y rigidifica el ejercicio de la Psicoterapia.
Tenemos evidencia de que los beneficios de las intervenciones psicoterapéuticas son duraderos y no sólo transitorios y parece que van más allá de la mejora sintomal.
Ello seguramente quiere decir que es posible fortalecer los instrumentos teórico-técnicos y capacidades de la Psicoterapia. Y tenemos que poder mostrarlo. Pero con diseños de investigación y una definición de "evidencia" que cuente con el producto empírico del que-hacer psicoterapéutico, frente a los modelos que parecen anular su valor desde la estandarización y las estadísticas deficientemente utilizadas.
Pero veamos lo que hemos ido produciendo a lo largo del año 2010 en las diferentes publicaciones de psicoterapia en lengua española que participan de este Anuario. Diferentes modelos, diferentes ámbitos, diferentes experiencias, reflexiones y aportaciones: amplio abanico con calado.
Viendo toda esta pujanza creo que podemos decir que la Psicoterapia tiene futuro. El aparente "conflicto" existente entre modelos tal vez sea posible considerarlo, aceptando una identidad compartida con componentes o modelos diferenciados en coherencia con diversos modos de conceptuar la curación reconocidos por la comunidad científico-profesional, como derivados de la falta de integración del fragmentario conocimiento científico de la mente, del funcionamiento del sujeto en su contexto de relaciones.
Si tenemos presente que el comportamiento humano es efecto final de una serie de complejas interacciones que tienen lugar a diversos niveles, cabría preguntarse acerca de cómo operan esos niveles para producir un resultado que consideramos patológico o producir disfunciones y/o sufrimiento psíquico. Análogamente, si la psicoterapia es, a su vez, un producto elaborado para abordar nuestro entramado mental, podríamos preguntarnos acerca de los mecanismos por los que ésta consigue promover un cambio terapéutico.
A todo ello se dirige esta publicación que cuenta este año con un nuevo órgano, un Consejo Editorial, formado por los directores de las revistas que conforman y participan del Anuario a los que desde aquí quiero agradecer su compromiso y aportación.
En Madrid a 10 de junio 2011
Begoña Olabarría
[Presidenta de FEAP: Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas]
Directora del Anuario FEAP